Por suerte está mi familia, mi mujer, mis hijos, mis amigos, mis hermanos y toda esa gente que cree en mi y en mi forma de encarar los problemas y la vida misma. En estos días en los que pienso hacia adentro creyendo que no voy a aguantar dos años más sin hacer una locura, sin bajar los brazos definitivamente, sin arrepentirme cada día de haber elegido esta forma de pensar y de vivir, honestamente, disfrutando del sacrificio y por supuesto de la vida misma y de todo lo logrado hasta aquí.
La desesperanza es fuerte, muy dura en estos días, pero la esperanza de que algún día las cosas van a mejorar es enorme, con luz allá lejos y a veces hasta en la oscuridad como esta en la que vivimos hoy.

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